GUNS N’ ROSES en Bogotá: Un reencuentro, música y familia

 

Redacción: Carlos Borda

Fotografía: Katarina Benzova

Esta es la historia de dos conciertos. Pero también es la historia de una familia. Del amor por el hard rock y del relevo musical intergeneracional. Porque la música no muere, sólo mueren los oyentes. Y si la música no muere, el rock tampoco lo hará.

Un cielo color ceniza, filas interminables de automóviles atascados en las avenidas, vendedores vociferando y captando a todo tipo de transeúntes en la ciudad. Sería cualquier otro día en Bogotá; pero no es así, ríos de gente peregrinan sedientos por destrucción. Asisten a un reencuentro que en un tiempo se creyó impensable en el Estadio Nemesio Camacho el Campín. En las calles se divisan, desde vinilos desgastados, hasta gorras bordadas a mano. Diferentes prendas y accesorios, pero con un mismo logo: Guns N’ Roses.

La legendaria agrupación norteamericana, que vio su punto cumbre en los ochenta y noventa, estaba de regreso en el estadio capitalino. Una luna llena que se asomaba en el horizonte despejado sería testigo de dos noches irrepetibles. Entre el público se encontraban todo tipo de seguidores, desde los ya veteranos conocedores del rock & roll, hasta los públicos más jóvenes y desprevenidos. Al caer la noche, los Aterciopelados prendieron la chispa del evento como cuota colombiana y una animación al mejor estilo de Indiana Jones, introduciría a Axl y compañía. La banda haría saltar a todo el público que, esperaba ansioso por este momento.

Es miércoles 11 de octubre de 2022, primera fecha colombiana del We’re F’N Back Tour. Mientras Yipsel Bello, está coreando y saltando en vivo la canción ‘Sweet Child O’ Mine’. La agrupación ya ha interpretado varios de sus clásicos sin parar, como en toda la gira. Axl Rose canta, corre y salta, Slash encabeza la melodía de la canción punteando en una guitarra Gibson Les Paul Standard sus mejores solos. “Viví la época en que era la banda número uno, viví sus aciertos y desaciertos. Me encanta su música y sus letras. Además, Axl, era el más guapo del mundo”, dice entre risas Yipsel, quien los vió en 1992 y hoy lo hace nuevamente, junto a su sobrino Camilo Bello.

La música ha sido el puente que ha fortalecido esta relación familiar. En el concierto, Camilo me refirió sentir mucha nostalgia e incluso, llorar durante ‘Estranged’ y de su tía, afirma que ella “ha ejercido un rol de madre desde hace 30 años, somos muy unidos, pese a los problemas”. Este cariño heredado, se materializó mientras entrelazaban sus brazos y coreaban a la par ‘Paradise City’, al final del concierto. Muchas veces, la música es un escape o ventana, pero también puede sentirse como un concierto lleno de multitudes, en el que dos personas se abrazan y sienten hasta último momento cada acorde y nota emitida por el artista. La música también puede entonces, ser vista como un lugar seguro, como un amor de familia.

Durante dos noches, los Guns N’ Roses hicieron lo que mejor sabían hacer, enloquecer al público colombiano con una potente descarga de éxitos por tres horas, aproximadamente. Esta vez, no habría interrupciones, escenarios a medias o problemas técnicos. Era otro momento en un mismo espacio. Una agrupación que mantenía su esencia, pero con otra actitud. Estaban lejos de los escándalos y mantenían una madurez y sobriedad de admirar para un oficio que implica tantas vicisitudes.