CAIFANES y el nervio de lo perfecto

Foto: chicagotribune.com 

 

Miedo es lo que debe tener el cielo

Poner la aguja sobre el vinilo, reproducir la cinta análoga o ubicar en su lugar el disco óptico supone un rito atesorado por pocos. Años antes, cuando el Mundial de Fútbol tenía sede en Estados Unidos (algo así como haber realizado un campeonato de hockey sobre hielo en suelo tropical), el rock afloraba por donde se pudiera mirar. Desde México hasta Argentina la cosa no era fácil, pero en 1994 y después de pasar mil y un desmanes de sobra, parecía que la música popularizada por Elvis Presley al fin tenía una oportunidad mediática aquí, rechazada durante mucho tiempo aunque nunca dejada a un lado gracias al esfuerzo de algunos fieles empeñados en practicarla, añadiéndole toque propio  según el sitio de nacimiento. Caifanes formato trío en dicho momento, eran reyes de la radio continental. La exquisitez de los 47 minutos plasmados en “El Nervio del Volcán” llegó como un estandarte digno de todo rockero hispanohablante en América, sin embargo con apetito de universalidad. Las canciones incluidas bajo su tapa azul emitieron entonces inquietudes mayores a las perspectivas de sus admiradores aunque especialmente a las de sus artífices, ignorando paulatinamente la herencia dejada en su zona de origen y kilómetros alrededor.

Video: Rubén T. Propiedad de Sony Music y Televisa (YouTube)

 

Afuera tú no existes, solo adentro

El engranaje mayor del disco era la introspección.  No era la primera vez que Saúl Hernández y compañía se destacaban por su profundidad estética pero en el instante, las circunstancias causales en darle mayor peso a su reputación musical habían adquirido tonos irremediablemente maduros. Su fortaleza como quinteto ya no estaba, sintiéndose obligados a crear una obra comparablemente superior a su historia no obstante desde una terna fragmentada por el hastío, los negocios o las rivalidades, presionados arduamente por la perfección sobre todas las cosas. Llevaron en consecuencia su ingenio, talento y empatía bastante lejos de lo imaginado. El curso de lo sucedido los condujo hasta incluir casi naturalmente colaboraciones de pesos pesados en la música norteamericana  (al fin y al cabo expertos en las raíces del rock) tanto en el patrón instrumental como en la producción misma. El surrealismo poético, la magnitud precisa de los arreglos marchaban en armonía, se veía bien el aumento de las giras; quizás en dos o tres años la combinación caifanesca desencadenaría otra pieza maestra. Pero la procesión era interna, dura de corregir; sus grietas entonces fueron imposibles de disimular, lejanas al arreglo. En contraste, ávidas de separarse.

Foto: Mármol un blog de Rock

 

El animal

Al fin su fuerza eufórica se hizo volátil durante la mitad de su década gloriosa. El guitarrista Alejandro Marcovich, testarudo en “hacer una guitarra eléctrica latinoamericana que no sonara como a Santana” cumplió finalmente su cometido. Pudo llevar a cabo en la composición una serie de movimientos catalogados como piezas intachables de las cuerdas. La columna vertebral de su agrupación por supuesto fue la fusión en conjunto de todos los integrantes, algo disipado tras su partida. El esplendor y corriente nerviosa de tonadas como ‘El Animal’ o ´Hasta que Dejes de Respirar’ bajo la batuta de Hernández con voz de sentencia veinticinco años después, no han podido ser superadas ni siquiera por Jaguares, su otra gran empresa. Alfonso André entretanto ha elaborado la conducta de un percusionista experimentado, hecho a pulso en cada segundo de grabación, cada golpe de baqueta. Con predisposición a ritmos de distintas índoles le pudo otorgar al “Nervio” (de paso a proyectos futuros) connotaciones bien pensadas, digeribles.

Separación de Caifanes. Video: Cabestres W. Propiedad de MTV (YouTube)

 

Fueron necesarias varias vueltas de la Tierra al sol para que los Caifanes originales regresaran a presentarse en vivo reunidos, así su guitarrista estrella no haya permanecido tanto rato al lado de sus compañeros. La mala madurez suele descansar en la comodidad (así es, no toda es positiva) aunque la buena vive de retos: Hoy se notan restaurados, libres de yugos y conscientes de una grandeza  prudente, sostenida con pies en la tierra, mirando fijo al horizonte. Su ‘Año del Dragón’ no coincide con el calendario chino pero sí con lo misterioso del animal mitológico, como en su cuarto larga duración esencialmente mexicano, útero del amor y la mutación existencial en su sentido más descarnado, disuelto en sensaciones viscerales. Impulso psicológico que inclina el péndulo constantemente hacia los ánimos elevados en soberbia, pulverizándose en momentos de reflexión densa. Ironía lúgubre que necesitó entrar en disociación para brillar.

Foto: El Siglo de Torreón

 

Quisiera ser alcohol

La oscuridad de su sonido es también la paradoja interpretada en siluetas animistas, formadas en temperaturas de color distantes de lo uniforme. No son ambiguas, postura que no les ha entorpecido ser moldeadas al interior de tantas mentes, disímiles entre unas y otras. Considerados nuevamente por la misma industria discográfica oportunista de su pasado éxito masivo, Caifanes vuelve a estar en boca de sus fieles. Siendo honestos, nunca dejaron de estarlo. Mientras más se percibía su evaporación grupal, sus temas fueron de hecho algo etílico, adherido en la sangre por ebriedad emocional, fenómeno que ningún artista azteca se ha atrevido a repetir.

Foto: discos.tienda

 

Responsables de ventas astronómicas para un artista de habla hispana, son objeto de culto al haber nacido y hecho parte de un período durante la hegemonía del formato físico. El misticismo del long play, el disco compacto junto al casete actuaron en complicidad de su beneficio ritual. Los sencillos radiales del “Nervio” eran (y son) catalizadores al oyente, quien solía mover astros hasta llegar a la antología completa, la cual desbloqueaba el secreto escondido en las canciones restantes. La travesía podía ser decepcionante, no era un camino fácil ni corto a diferencia de la internet en el siglo XXI; sin embargo cuando era fructífero valía la pena. Se seguía ensanchando a medida que el botón reproducir estuviera activo, creando un efecto duradero por un cuarto de siglo o más. Solemne como el sueño de un volcán, impredecible como su despertar.

Foto portada: Alfonso André (Instagram)

 

Joel Cruz