Un destructor llamado KISS

Foto: knuclebonz.com

Se estaba atravesando la década setentera y Kiss ya era embrión de ese monstruo comercial que lo había dejado todo en su primer trabajo en vivo, capturando parte de ese espectáculo brutal que hipnotizaba a sus fans pero que en sus tres primeros discos no reflejaba ventas (contrariamente a lo sucedido hoy, en la época el dinero estaba en el formato físico). Los conciertos no obstante estaban cazando más adeptos a su propia armada maquillada y fue justamente "Alive" quien fuera ese héroe pirotécnico encargado de encender la chispa multitudinaria de los neoyorquinos.

El trabajo número cuatro en estudio ya les traía mejores experiencias y buenas cifras de ganancia monetaria...¿qué hacer entonces? juntar unos cuantos efectos ambientales en las canciones, a Ace Frehley, elevado al espacio infinito en cada intervención de guitarra, pasajes densos a lo ‘God of Thunder’ (inolvidable cuando suena en la película "Halloween" de Rob Zombie) o el frenesí de una ‘Ciudad Rock’, que los más allegados a la cultura Kiss Army reconocen casi por inercia. El desenfrene del baterista Peter Criss sería el gran ausente en la brillante balada ‘Beth’, pieza dorada en esta apoteosis entre lo extremo y lo suave. ‘King of the Night Time World’ en su versión original es descontrolada e incita a la cerveza, caso distinto de su semejante en el "Alive II" que sugiere más bien whisky. ‘Shout It Out Loud’ es como un aviso de esa mezcla fin de semana con ansia de eterna juventud que se desfoga en los bares: Sello de audio Bob Ezrin y de una obra maestra que estaba destruyendo el mundo hace cuarenta y tres años, para construir uno con más excesos.

 

Joel Cruz

Hummingbird Press