Musa del rock gótico: AÉGIS de THEATRE OF TRAGEDY

La ruptura de esquemas para el metal hacia 1998 fueron fuertes: Sellos discográficos de garaje que se convirtieron en corporaciones y grupos luchando para mantenerse en pie ante los cambios bruscos de la industria, ilustran algo de lo que estaba sucediendo. La atmósfera cruda y artesanal de tendencias como el black, doom y death tomaron mayor cuerpo, técnica y una depuración de sonido en la que Escandinavia entera lideraba Europa. En sus respectivos países ya venían echando raíces novedosas desde el principio, pero ahora seguían creando más, hasta el punto de "mandar la parada" casi hasta la época en que se relata todo esto (lean NEXUS POLARIS: El álbum que predijo una parte del futuro).

Por muy romántico que sea el underground, es complicado negar que aquél puñado de meses en el calendario fueron una gran era para los géneros pesados, elaborados a una escala que trascendió los continentes. Las bandas en efecto estaban cambiando: Quienes tenían una perspectiva de la situación no estaban dispuestos a quedarse atrás y para ello renovaron su estética hacia ámbitos más claros en la manera de exteriorizar su identidad, eliminando rasgos minimalistas. Ante el dilema del arte por el arte y entretenimiento como producto mercantil, varias de ellas tomaron opciones en algunos casos más acertadas que otras, ocasionando que vanguardia y creatividad jugaran un rol impresionante aplicado a la estridencia. Los cambios iban a paso de tren sin detenerse, a galope vertiginoso de caballo en coche victoriano, imaginando galaxias futuristas o en este caso, evocando períodos de antaño en la historia, divinos o humanos, reales o ficticios.

Theatre of Tragedy, cofundadores de la tendencia que fue abordando progresivamente el metal comercial de la época, había superado la primera mitad de la década con dos álbumes abiertamente novedosos ("Theatre of Tragedy" y "Velvet Darkness they Fear"). A la vanguardia de nombres como  Therion, Sentenced, Trail of TearsTiamat o Decoryah, esta generación ahora también caracterizada por incorporar letras instrospectivas, consagradas a menciones de la literatura, la mitología y los pasajes antiguos, mostraba un nivel compositivo diferente, sustancialmente transformando guitarras rasgadas, voces guturales y baterías veloces en estructuras donde las voces tanto de hombre y mujer resaltaron inevitablemente por su protagonismo diáfano; la melodía en la arquitectura de las canciones pesaba más, mientras que la velocidad en las mismas se redujo (fantasma del doom). El espectro metalero se alimentaba ahora además de tonalidades disponibles en la música erudita y el rock gótico, hijo natural del postpunk británico. Agreguen a todo lo mencionado un rango profesional de producción (nada de sonidos demo). Estaba en auge una nueva visón musical, pese a que no era propiamente un estilo definido. Países como Inglaterra, Alemania y Holanda igualmente estaban haciendo lo suyo, caldo de cultivo para otros artículos; lo que hay en la materia es extenso, pero por ahora matengamos la mirada en los nórdicos.

En agosto del noventa y ocho "Aegis" entregó por tercera vez a los seguidores de lo ahora popularmente reconocido como gothic una propuesta de ocho pistas más ambiciosa, cortesía en parte por la soprano Liv Kristine (figura principal del grupo por aquél entonces). Al lado del cantante Raymod Rohonyi, la pareja impactó por su juego vocal, huella fuerte en sus grabaciones y precisamente en en este álbum, prensado inicialmente por los sellos Swanlake y Century Media Records. Con un nivel de rigor en su ensamblaje más cuidado en relación a sus antecesores, el larga duración marcó la trayectoria de sus autores concluyendo los años noventa. Cantos predominantemente limpios, ejecuciones en cuerdas y teclados ambientales potenciaron alusiones míticas de sus letras, retratando deidades femeninas y escritas en inglés renacentista (cualidad importante de sus primeros discos, basada en el uso exquisito de algunas lenguas europeas). Las menciones cultas de mitos, literatura, episodios de historia y folclor del continente abundan en su trilogía inicial, plus para sus admiradores con inquietudes intelectuales.

Como resultado, Theatre of Tragedy lideró el panorama en festivales multitudinarios: El eco de su obra incitó a diversos espectadores del escenario mundial, usando y abusando de la sugestión causada por su personalidad como conjunto. Los excesos no son sanos, así que en años venideros fue inevitable estar inmersos ante una camada exagerada de agrupaciones tan numerosas como la forma en que bautizaban su orientación musical, descaradamente aprendices de los homenajeados en la nota que ahora están leyendo. Después de todo, parte de lo que hace al metal exótico es su alejamiento de lo convencional, su poder creativo, pero desde la óptica de lo honesto. Si a nivel mundial el erróneamente llamado gothic metal gozaba de fama entrando el nuevo milenio, también es preciso recordar que los sonidos emulados por máquinas vivían su auge y para allí se encaminaron los integrantes de TOT. El rock industrial y lo electrónico consolidó su siguiente etapa, cargada de otros cambios determinantes e implicando años después la ruptura de actividades con Kristine con una etapa de retorno a sus días vintage, retirándose finalmente de los estudios y las tarimas el dos de octubre de 2010, diecisiete años después de haberse aventurado a tocar música juntos en la ciudad noruega de Stavanger. No me interesa cuestionar si alguna vez se reunirán o no; eso sí, aún no me explico ciento por ciento cómo hicieron para enseñar tanta madurez musical  en un tiempo ciertamente limitado. La longevidad no simboliza justamente crecimiento, hallar el punto de partida es apenas un paso: Seguirlo a pesar de todo, un modo de vida constante.

  

Joel Cruz

Hummingbird Press