Maestría y puntos suspensivos: DIMMU BORGIR en Bogotá, 2018

Durante el año 1976, también un 18 de noviembre, nacía Stiam Tomt Thoresen, futuro músico y reconocido personaje en el metal. Bajo el mote de Shagrath y llevando la dirección de Dimmu Borgir, la agrupación encargada de sacarlo del anonimato desde hace un cuarto de siglo, se reunió una ocasión más con cierta cantidad de sus seguidores, dispuestos a no perderse la oportunidad de conocer lo que su banda representa en vivo actualmente. Tarde y temprano pueden llegar a ser dos palabras relativas, así que para quienes fue nuestro primer encuentro con los noruegos, la expectativa naturalmente difería respecto a aquellos que repetían concierto así fuese segunda, tercera o cuarta vez. La idiosincracia metalera en las calles bogotanas, aunque parecida a lo que se ve en otras partes del planeta, tiene textura propia y habló fluidamente de lo que numerosos fans esperaban del show, controlando su impaciente espera al ritmo de debates musicales como epicentro, el licor o la comida chatarra, entremezclados en las generosas filas alrededor del Royal Center con los negociantes informales, los empleados de logística o los revendedores de entradas. Los tormentos de las almas cristianas regresaron casualmente a un escenario cuyo propietario pertenece a esta religión y su paso, pese a que pudo ser mejor, fue un éxito.

"The Unveiling", apertura del recientemente estrenado "Eonian" fue la primera canción usada por Dimmu Borgir para romper el frío y las sensaciones estresantes del caos capitalino. El teatro Royal Center tiene una perspectiva interesante desde la diversidad de sus ángulos, situación justa para los espectadores del conjunto escandinavo responsable en parte por llevar el black metal a rincones masivos. Millas de vuelos y centenares de tarimas recorridas dieron cuenta de un grupo experto en las habilidades de escenario, algo que "Interdimensional Summit" se afanaba por enseñar, particularmente hacia su perspectiva moderna. Las exigencias de los discos anteriores se hicieron más agudas de repente y fue entonces la hora para canciones como "The Chosen Legacy", la épica "The Serpentine Offering" (una de sus composiciones mejor esculpidas durante los últimos años), y "Gateways". A ciencia cierta es imposible saber qué tan honesta fue esa reacción de agradecimiento por parte del frontman hacia Bogotá y su entusiasmo por el retorno, pero al menos, se vio enérgica.

Aunque su entrada triunfal de la oscuridad no fue tan espeluznante para algunos participantes que observaron el evento (los años se le notan a sus integrantes), el metal melódico se seguía haciendo paso mientras la noche caía: La homónima "Dimmu Borgir", "Council of Wolves and Snakes" (sonó imponente en vivo, al César lo que es del César) y "Archaic Correspondance" delataron una mirada mayormente orientada a un set de novedades por encima de la nostalgia. Mientras me adelantaba a concluirlo, el dial de radio que sintoniza con interferencia anunció a "Puritania", pieza publicada en el 2001, polémica en sus días y hoy por caprichos de la paradoja, apetecida entre sus seguidores. Clásicos que han percutido en su camino como "Indocrination" también del álbum "Puritanical Euphoric Misantrophia" dieron otra tonalidad a la velada, pese a algunos desvaríos del sonido y la afinación, cosas que suceden. Llevar el peso de tener un nombre tan ruidoso en su estilo nunca los librará de estar relacionados con sus obras dejadas en el pasado, efecto colateral de la historia escrita y el hecho que en un gran fragmento de ella estén involucrados personajes que ya no pertenecen a sus filas, extrañados por momentos.

En un repaso de "estocada final" llegaron "Progenies of the Great Apocalypse", tocando puntos álgidos de sus paradas de antaño en Colombia. Para el final, la máquina del tiempo retrocedió un poco más con "Mourning Palace", zona de inflexión de una identidad vieja escuela de paisaje nórdico, la cual lentamente fue transitando hacia áreas más cavernosas de lo iluminado. La brecha entre penumbra y luz que descansa a la fecha sobre la columna vertebral del grupo Shagrath-Glader-Silenoz mas sus músicos en directo, dejaron una amplia satisfacción entre la gente, más por su legado que por su contemporaneidad. Se puede apreciar la complejo de una obra en todo su esplendor, pero este ejercicio no dejará de ser una propia visión de un todo. A veces se deja huella en cuestión de minutos y otras, queda abierta la puerta para hacer más visible esta marca. El paso del reloj al final, decide qué es memorable y digno de hacerse clásico. 

Fotos por Sergio Garzón (aquí la galería completa)

Joel Cruz

Hummingbid Press