DE LA TIERRA: Latinoamérica retumba con sello genuino

Proyecto, dream team o banda, como quieran considerarlo, DE LA TIERRA necesitaba ser observado y oído con ’ojo clínico’ por los fans que decideron darle la oportunidad de recibirlos en sus listas de reprodución digital (en el mejor de los casos, quienes compraron su debut homónimo en físico prensado) hace cuatro años. Concretamente en Colombia, gracias especialmente a dos importantes vitrinas aptas en la promoción de sus canciones, como fueron la última vista de Metallica y la versión 2014 del festival Rock Al Parque, mucha gente notó que este experimento ensamblado por veteranos de la música fuerte junto a la más convencional made in Latin America funcionaba, aunque también para algunos fue imposible dejar de pensar que la experiencia sería breve, a causa de los diversos compromisos que involucran el tiempo de sus integrantes.

El primer paradigma de lo efímero por parte de DLT fue roto en el 2016 con su segundo larga duración "II", pretexto para una nueva gira con escala en Bogotá. Las inquietudes y conjeturas sobre esta nueva entrega venían haciendo ruido meses antes y las circunstancias de un nuevo bajista (Harold Hopkins de Puya en reemplazo de Flavio Cianciarulo de Los Fabulosos Cadillacs), el staff en la nueva producción, además de su misma actuación un formato más íntimo, lograron en armonía concluir que el grupo pasa por un momento óptimo para una parte del mundo la cual tiene mucho qué decir todavía mediante un lenguaje como el rock, con un jerga auténtica, siendo más claro.

Ozzy bar estaba casi lleno cuando las primeras intenciones del show se hacían evidentes, así que el público se empezó a mostrar dispuesto. De comienzo, es obligado destacar a Andrés Giménez, pero no exclusivamente como cantante y guitarrista; el argentino sí que supo comunicarse con sus seguidores, usó la camaradería adecuada para hacer sentir a los asistentes su ambiente como parte de ellos, nada de comportamientos fríos, menos aún distantes. Una actitud próspera a lo largo de la noche bautizada con su ’Maldita historia’, ideal para calentar los ánimos: "Somos cuatro personalidades distintas pero que tenemos algo en común: Amamos la música", afirmó el líder de A.N.I.M.A.L durante su entrevista previa.

De La Tierra en vivo no se trata de un cuarteto conformado por rockstars luchando en tarima por brillar uno por encima del otro. Su presentación se asemeja más bien a un conjunto de muy buenos amigos quienes le permiten a su inspiración correr libremente por el setlist sin que la diversión se detenga, así suene como lema de parque de atracciones mecánicas. Si hay momentos en los cuales su virtuosismo es arrollador (nada qué hacer con la brutal percusión de Alex González, imposible mirar a otro lado) lo que prima sí o sí es la fraternidad. ’Rostros’ fue ejemplo de ello, donde la química de Giménez y el Sepultura Andreas Kisser se unen para hacer más robusto un mensaje contundente.

En opinión de quien les escribe, suena más potente en directo. Temas como ’San Asesino’ y ’Detonar’ (exitosa) suenan apasionadas, comprometidas hasta la saciedad incluso por el puertorriqueño bajista de Puya, totalmente activo en su desempeño. Acentos diferentes, aunque modismos similares que relataron unidad al estilo groove: Hay muchas formas de mentarle un insulto a quienes nos hacen difícil la vida, pero hay un también puños firmes en la misma dirección. La fuerza y el grito de batalla se hacen más fuertes por encima de las líneas que separan países. Un concierto con identidad que sin duda merece más versiones.

Fotos por Johana P. (galería completa aquí)

 

Joel Cruz

Hummingbird Press