MAYO FUE SLAYER EN BOGOTÁ: UNA MIRADA A SU ÚLTIMO CONCIERTO.

Foto cortesía: Khris Forero - Rockaxis Colombia

En la vida únicamente es preciso arrepentirse de lo que no se hace. La noche del tres de mayo (la mejor noche de mayo en mucho tiempo, diría un buen fanático) Slayer demostró ser resistente al paso de décadas agresivas y a integrantes que ya no están en sus filas (por una u otra razón) con un listado de canciones claves en su historia, varias de ellas culpables de ubicarla en un lugar privilegiado dentro de la monarquía metalera mundial.

Su carrera comenzó en los tempranos años ochenta, época conflictiva para el mundo (como si ahora fuera distinto) y desde entonces los californianos nunca se han cohibido de exteriorizar álbum por álbum y pieza por pieza los horrores de la vida, quizá enviados por un dios que nos odia a todos, un ángel de la muerte o una magia negra, facetas libres a la elección de cada quien. Su perspectiva de un mundo pintado en sangre, lejos de perder vigencia en forma y contenido, sigue vociferando desafiante en pleno 2017, motivo que los obligó a un nuevo encuentro con su público colombiano, en una noche fría y lluviosa además, cargada de incertidumbres, pero con una sola verdad: Cuando Slayer suena y truena, ciertamente es momento de “cerrar los ojos, mirar en lo profundo de su alma y salir de sí mismo”,  tal como lo recitan en su himno Seasons in  The Abyss.

Foto cortesía: Khris Forero - Rockaxis Colombia

El reloj parecía un sinfín impaciente para la llegada de un mayo que ahora casi finaliza. Quise  precisamente dedicar mis palabras cerrando este mes a uno de esos acontecimientos que definen la vida de muchos: Slayer en directo es la imponencia de una semilla descarnada que demuestra su hegemonía en cada nota y acorde. La industria de la música y el entretenimiento sin embargo, no es la misma respecto a la época que los vio nacer: Hoy tenemos rebeldes de lo digital y héroes que dan sus vidas siempre y cuando sean las de sus consolas de videojuegos, filósofos del “me gusta” y del trino creyéndose a sí mismos deidades intocables mientras no les sea arrebatada la comodidad de su morada. El metal no ha sido salvo de ser objeto de sátiras y símbolo de manipulación mercantil de la que estos sujetos son blanco fácil. Ojalá todo fuera un juego como a ellos se lo enseñan, pero si algo hace a la música extrema tan actual es su universo aparentemente sombrío, cuestionado por sus detractores pero al fin y al cabo reflejo de una realidad con horrores, guerras en conjunto, criptas eternas y gritos silenciosos que en efecto, superan el universo de lo ficticio. Where victory's really massacre/The final swing is not a drill/It's how many people I can kill!” suena todavía fresco en la voz de Tom Araya y ante eso, no hay ningún Jesús que salve ni que valga.

Foto cortesía: Khris Forero - Rockaxis Colombia

Su última presentación en Bogotá fue la oportunidad para que seguidores de varias generaciones hicieran parte de precisamente aquél segmento en el metal que puede considerarse honesto. Es obvio que todo el talento de Gary Holt y Paul Bostaph no remontan a su sonido del pasado, pero eso sucede cuando el tiempo hace mella en el acoplamiento musical de tal vez la banda de thrash metal más importante del mundo. Esta nota no resalta reemplazos ni ausencias, sino la visión de una persistencia por parte de ese gran barco dirigido por Araya y su hermano de batalla Kerry King, tras alcanzar casi cuarenta años de trayectoria. Algunas fallas en las guitarras dieron un matiz diferente a clásicos como ‘Dead Skin Mask’, ‘Angel Of death’, ‘Postmortem’, ‘Mandatory Suicide’ o ‘Hell Awaits’ que mantuvieron en alto la euforia de los asistentes a la Gran Carpa de Corferias.

Foto cortesía: Khris Forero - Rockaxis Colombia

La agrupación estadounidense fue arrasadora, y como leyenda que se respete despidió su presentación con el sinsabor en sus espectadores de lo que no debería concluir. El metal hecho en Colombia no obstante, fue protagonista también: Perpetual Warfare como invitado local izó en alto la bandera nacional demostrando por qué el género es viable en una sociedad complicada como la nuestra y ante un circuito metalero que no tiene escena, industria y en ocasiones, ni siquiera ojos ni manos para arrojar un trozo de papel a una caneca de basura. La tercera visita de Slayer, desde que su telón cerró, es ahora recordada por unir edades, condensar pasiones por y en dirección de una leyenda, pero también como un retrato nítido de lo que muchos seguidores del rock pesado aquí seguimos anhelando, aunque sin hacerlo tangible: Nunca es demasiado tarde para arrancar una iniciativa, pero los dioses como Slayer no se edifican de la noche a la mañana.

Joel Cruz

@johellcrvx

Agradecimiento especial a Alejandro Bonilla, por facilitarnos las imágenes para este texto.