La lección renacentista de Ricardo Chica Roa y HEREJÍA al metal del oscurantismo colombiano

Texto por Joel Cruz

Ricardo Chica Roa. Foto: Johanna Gutiérrez

A muy poco tiempo de su deceso, los homenajes en memoria del líder de Herejía siguen llenando publicaciones de Facebook, Instagram, Twitter o YouTube. En ese mismo modo, páginas webs, blogs y portales atestiguan sus roles activos en el aspecto de la música o el deporte, sin olvidar claro está, el de profesor, fundamental en sus observaciones e inquietudes personales.

¡No cabe duda! las primeras luces sombrías del 2021 continúan enseñando un lado amargo e incierto; una cara desoladora del fenómeno COVID, que todavía no cumple un año de afectar nuestras vidas drásticamente, tocando y atravesando con fuerza diversas barreras de protección a la salud colectiva, en todos los escenarios imaginables.

La contemporaneidad nos sigue ilustrando a más no poder la fragilidad sobre las verdades absolutas. Al menos, uno de los contactos con quienes hemos decidido establecer una socialización virtual, muestra tristeza por la enfermedad o pérdida lamentable del algún ser preciado. Cualquier visión omnipotente o inmune a la fecha, es simplemente arrogancia. Por ende, la soberbia, tarde o temprano, se termina humillando.

Herejía en Rock al Parque 1996 (Living Metal Producciones)

El rock en Colombia es un conglomerado pequeño. El metal es una porción minúscula de esa ecuación, sostenida con osadía, terquedad e ingenio. Trasladada a una superficie hostil, impregnada además de rasgos insignes en la idiosincrasia criolla como los triunfos hiperbólicos, el regionalismo exagerado y el desconocimiento amplio de ciertas dinámicas internacionales, indispensables en la consolidación de una verdadera escena metalera con una industria preponderante alrededor.

Ricardo decidió en sus años de colegial junto a Nelson García, fundar Herejía. La curiosidad generada por quienes no tuvimos uso de razón absoluta para el último coletazo de los ochenta (o no habían nacido), hizo que el talentoso guitarrista narrara en repetidas ocasiones los vericuetos típicos de la época para los destinados a tomar un instrumento musical como forma de vida.

Con la mirada agreste de la opinión pública, religiosa, políticamente correcta, el halo prejuicioso sobre el metal se enfrentó también en las calles colombianas a la precariedad económica. Dejar registro sobre las pocas composiciones originales de los grupos era un logro gigante (pues eran más llamativas las bandas de covers).

Entrevista a Herejía, año 2010 (Parallax 666)

De suerte, algunos espacios del distrito o privados se habilitaban para los conciertos esporádicamente, siendo de todas formas zona fuerte de la estridencia, la clandestinidad. Sumado a todo esto, estaba el férreo hermetismo de los fans más apasionados, sometiendo a mil y una pruebas de fuego a los incautos aprendices rockeros que comenzaban sus pasos en dicho mundo.

Muchos no lo soportaron: abandonaron los ideales de largas melenas para vivir tranquilos en la casa de sus padres, buscar un trabajo estable, adecuándose a la aceptación de la gente normal, un ambiente donde era más sencillo ingresar si había el interés suficiente por temas banales o por bailar «El Meneaito». Ricardo, a pesar de tener las aspiraciones naturales de un hombre occidental no renunció a su oficio, así le implicara la desaprobación de incluso quienes compartían sus preferencias musicales. Por fortuna, su persistencia triunfó sobre el paradigma del «no puedo».

Herejía en Rock al Parque 2017

El fundador de la agrupación llevó a cabo un esquema artístico en el Death metal un largo tiempo antes que los archivos sonoros pudieran ser traficados en la gran red de conexión global. Antes que los primeros dominios informáticos junto a los buscadores nos aislaran progresivamente de los fanzines o los melómanos. Antes de Myspace, piedra angular de lo independiente. Finalmente, antes de las redes sociales, donde cualquiera puede autonombrarse artista por un sinnúmero de motivos, así sus ambiciones estén más orientadas a la aceptación ajena que absurdamente, a la creación de arte.

Herejía, última formación (2020)

El sol no se puede ocultar con un dedo. De Herejía se esperaba, por la solidez de su trabajo, una discografía altamente robusta. De igual modo, es necesario considerar la dificultad de cumplir con un catálogo de este estilo en una sociedad como la suramericana. Eso es cosa de héroes.

En la última década, sin embargo, el conjunto bogotano volvió a ser figura mediática (durante años escogieron el anonimato, una decisión genial), por publicar una pieza que resumía no solo su pasado, sino la trayectoria lineal de un proyecto inclinado irremediablemente a proponer novedades en su ahora. 

Videoclip de la canción «Abandonado por la Luz»

No se trató de evocar una nostalgia conveniente a las generaciones más jóvenes. Fue más bien, con hechos verídicos, un «esto lo hemos preparado durante años con esmero y lo ofrecemos humildemente a ustedes». Como siempre se ha cumplido, por muchas selfies o poses sobreactuadas de tres días de rock y convivencia, al final (sin maquillaje), es la honestidad de la obra dentro y fuera de escena, la reinante en la eternidad. Lo demás, pasa de largo.

Entrevista a la agrupación Herejía (2020)

Renascentia In Tenebris, el más reciente larga duración de la banda, es una carta magna. Dirigida por Ricardo Chica Roa, respaldado a su vez por sus fieles compañeros de batalla, es el mensaje iluminado al oscurantismo arcaico de la comunidad local, que ostenta ideales inversamente proporcionales al largo de sus cabellos.  Sentando precedente con apenas un demo y un álbum, su obra inspiró curiosamente luz desde las tinieblas, en una era donde tanto sabiondo se alimenta de los tropiezos ajenos, las verdades a medias y las supersticiones, tal como sucedía en la Edad Media. No en vano el guitarrista afirmó en cierta ocasión: «Mejor tecnología no nos hace más civilizados».

Herejía en el festival Día de Rock Colombia 3.0 (Andrés Triana)

Les puede interesar HEREJÍA: Días de seguir rompiendo dogmas en el metal