QUÉ CHIMBA HIJUEPUTA: El death metal es para siempre

 

 Foto: Masacre Official fan page

 

Masacre podría ser a la perfección banda sonora en la crudamente pintoresca realidad colombiana. La tinta que inyecta sus letras es un cortejo fúnebre (mencionando uno de sus himnos) arraigado a la estruendosa Medellín de tres décadas atrás, dejando en el ahora una estela tan viva casi como el momento en que un adolescente  Alex Oquendo empezara a crearlas con la ayuda de un cuaderno, esfero y ese entorno de violencia, muerte y narcotráfico, sin espacio para demonios ficticios u otras criaturas inquilinas en la imaginación de los hombres: "Only death is real", por ahí dijeron alguna vez los fundadores de Hellhammer y Celtic Frost, inspiración además para el vocalista a la hora de componer canciones, particularmente la primera de ellas, finalizando los ochenta.

Con fortaleza extraída de un terreno hostil, el grupo metal emblema de este país, haciendo eco sobre las palabras de su reconocido integrante, cumplió este mes treinta años, toda una odisea en un territorio que ignora la cultura juvenil (pese a que el metal es propio de varias edades), con una visión sesgada del rock y que a la postre trata al metal como el más despreciable de sus parias: La tarea nunca ha sido sencilla.

 

 

 

Si la tecnología de hoy considera aún el underground como un símbolo o más bien sea justo hablar de música para élites, en el death metal el conjunto antioqueño desde hace mucho pertenece a un imaginario tricolor, narrando en sus grabaciones cómo lo subterráneo testifica fielmente un entorno que nos afecta a todos en pequeña o gran medida. La muerte es la gran conclusión de toda ambición o decadencia humana, el último paso imposible de eludir. No se requieren una cantidad exagerada de tratados humanísticos para entender que Colombia tiene una historia funesta bañada en una mancha carmesí de muerte violenta y en este caso, un espejo artístico.

 

Muerte, muerte ocurre de nuevo,

llega el momento de nuevo, violentos dueños de vida

someten en dolor, rayan sus insignias,

mentiras, paredes y ruinas.

Amenazan con secuestros, extorsión, mentira.

Espinas (Muerte verdadera Muerte, 2001)

 

Con una base filosófica clara la agrupación creció y mientras las cosas cambiaban a causa de los giros en el planeta, fueron creando una identidad a partir de todo lo que relataban. Con los ensayos precarios, la difusión mano a mano de los toques y los casetes, los demos artesanales, el tiempo (que no perdona, al igual que la muerte) avanzaba sin cesar. El empeño en hacerse un nombre en el camino extremo de la música, todavía por estos lados trocha, las oportunidades fueron llegando. En consecuencia, sus canciones cada vez más sólidas, profesionales, hacían mella en la juventud de cabellos largos, taches y ropas negras habitante en los diferentes circuitos nacionales.

Para lo que muchos fue una etapa transitoria, rebelde, preludio a una mal llamada madurez, fue para Masacre un camino que se debía seguir pese a toda circunstancia: Ese andar no en vano les ha acarreado desde maldecir una y otra vez en momentos de frustración, lidiar con pésimos organizadores de conciertos, hasta ver partir a algunos de sus músicos importantes bajo momentos determinantes en su carrera, bien sea por diferencias vocacionales o incluso por su partida de algunos de ellos hacia el fin mismo de la existencia. Donde muchos en vida se rinden, quienes le cantan a la muerte persisten.

 

Éxtasis de fe, masturba la mente pecado,

ingenuidad, ignorancia, fe.

Camino al calvario,

éxtasis de fe, masturba la mente.

Allí donde los humanos gritan

al olvido, ¡Esperad la muerte!

Allí donde los hijos del mundo

duermen llenos de hambre.

Camino al Calvario (Barbarie y sangre en memoria de Cristo, 1993) 

 

 

Aunque la cara de Oquendo es la más visible y familiar para los seguidores de la banda, todos sus miembros en su momento han sabido mostrar el rostro de una institución que respeta celosamente su discografía sin desconocer sus raíces, haciendo buen uso de ella pero mirando hacia adelante. Al llevar a cuestas una carrera poco lucrativa respecto a lo económico por tanto tiempo, sería fácil abandonarla un rato para luego intentar "volver triunfalmente", reeditar discos y tocar esporádicamente aparentando un estatus veterano, sobre todo frente a las generaciones más modernas. Ese no es el caso de Masacre: Treinta años ininterrumpidos atestiguan una vida entregada a una aptitud de tiempo completo.

Lejos, muy lejos de exhibirse como glorias cansadas, en los últimos años de hecho han obtenido sus mejores resultados si se tiene en cuenta que su agenda de presentaciones internacionales ha ido en ascenso con mayor presencia en plazas "mecas" del metal extremo. Al mismo tiempo, sobre cualquier tarima en la que actualmente interpreten su repertorio se ven muchos más compactos que en años anteriores e incluso con una química bastante madura como equipo, únicamente adquirida por la vía de la experiencia, respaldados ciertamente por un set que acoge su recorrido entero e incorporándole vitalidad a las composiciones, independiente de la fecha en que hayan nacido.

El pasado 18 de agosto Masacre se presentó en el Escenario Plaza del Parque Simón Bolívar ante una muchedumbre numerosa, siempre dispuesto a cumplirle la cita. En conmemoración a los años de trayecto interpretaron en su totalidad su álbum debut "Reqviem" y aunque el sonido no estuvo ciento por ciento a la altura de su trabajo, su impecable presentación se mostró fresca y agresiva, sin haber importado en absoluto el horario o el número de veces que hayan pasado por el evento.

¿Qué viene en el presente? Una nueva versión de su mítico "Reqviem", original de 1991 con Osmose Productions, el primer sello foráneo que creyó en ellos, la gira norteamericana Agre666ion Tour, así como un conglomerado de actividades propias de una "Legendeath" (bautizado así algo de su material clásico, recientemente editado), título ganado a punta de tenacidad y paradójicamente, como leyenda viva. En una sociedad como la nuestra, donde el grito de inconformidad se castra de múltiples maneras y una "mala palabra" es más polémica que un acto de injusticia, el "Qué chimba hijueputa" emergente en la garganta del frontman hacia la euforia de su público se siente más imponente en relación a 1988. Camino al calvario, sarcasmo divino, minutos de silencio y todavía Colombia no es la tierra soñada.

 

 

This is my whole life, this is my slogan,

this is my own flag,

only loyalty, only admiration,

long life to death metal.

Death metal Forever (Total death, 2004)

 

 

 

Masacre en Facebook

Imágenes de archivo captadas de sus redes sociales y propiedad de sus autores

Imagen de portada: Sergio Garzón para Agencia Hummingbird Press 2018

 

 

Joel Cruz

@johellcrvx